El aire que respiro es de esos regalos que la vida me da a cada instante y que muchas veces pasa desapercibido. Es un regalo porque me es dado, sucede a través de mí sin que yo tenga que hacer nada.

Como cada instante santo encierra gran sabiduría y es un fuerte acompañamiento en el tránsito de mi vida.

Ser consciente  de mi respiración me puede enseñar muchas cosas de mí mismo.

Por un lado la respiración nos enseña a habitar los ritmos universales del funcionamiento de nuestro mundo; expansión-contracción; contacto-retirada; fuera-dentro, aceptando así ese ir y venir y el tránsito que ello supone.

Respirar es un momento muy íntimo de conexión con nosotros mismos, un lugar de descanso y de vuelta a casa. Entregarse plenamente a la respiración, nos da una herramienta para manejar las emociones y para ubicarnos en el eje que sostiene nuestra presencia (un eje vertical que conecta cielo y tierra y un eje horizontal en el que me relaciono y me comparto con el mundo que me rodea)

Una práctica consciente con la respiración podría imaginarse como una expansión de mí en la inhalación, a lo ancho me expando recibiendo el aire y su contenido y en la contracción que supone la exhalación me enfoco en un punto de entrega, aquello que sale de mí después de ser respirado por la vida, mi expresión de este momento que estoy viviendo. Exhalo mi sentir y vuelvo a inspirar un instante nuevo cada vez, aire renovado y lleno de fertilidad, que vuelvo a manifestar a través de mi exhalación.

Manejar los tiempos de respiración es otro recurso bastante útil, hacer mi respiración más lenta, me ayuda a traer mi conciencia al momento presente y a mi sentir. Me da un mensaje de calma y me deja más disponible para vivir el momento presente. Es algo así como, todo está bien, sigo aquí y tengo la respuesta para este momento.

Exploremos el sentir del aire y descubramos su conocimiento, no es un detalle menor…