Iniciar-se​

Cuando traemos a nuestra mente esta palabra nos evoca muchas sensaciones, algunas de ellas incluso podrían parecer contrarias pero la realidad es que conviven en un punto común (en nosotros, como todas las polaridades). Estamos hablando de una emoción, una ilusión, una aventura, una curiosidad, un entusiasmo que a su vez despierta un estado interno de nervios, de inquietud o ansiedad, de miedo y preocupación ante la incertidumbre y lo desconocido. Todo ello envuelto en un halo de impulso, de ganas, de un «ainss», o en una aceptación forzosa ante el cambio inminente.

Esas sensaciones internas son pura vida, es justo un momento absolutamente vital. Al fin y al cabo todos llegamos a este mundo en una suerte de inicio, «el nacer» y nuestra vida transcurre como un proceso lleno de inicios y finales que completará en un «supuesto final» que quizá abrirá otro inicio. Lo que nos lleva a algo realmente importante desde mi punto de vista, y es que estamos sostenidos en el misterio.

Como dentro de la vida transitamos muchos inicios, unos incluso dentro de otros, también descubrimos que nos traerán inevitablemente grandes enseñanzas y que serán motivo de nuevas oportunidades, nuevos aprendizajes, desafíos, crecimientos y creaciones. Ante eso, uno se observa y se da cuenta de su facilidad o dificultad para aceptar, adaptarse y lanzarse a los cambios que nos propone la vida con los nuevos inicios. Quizá te descubres como una persona que le gusta nadar en aguas conocidas y que al pensar en los inicios, lo primero que te surge es tensión o quizá seas de las que inicias llena de ilusión y las ganas de aventura superan el miedo a lo desconocido o quizá avanzas con cautela y activas mecanismos de observación y control, en fin, hay muchas maneras de afrontar esta situación pero en todas ellas nos encontramos a nosotros mismos y nuestros momentos evolutivos. Sería interesante preguntarse si la relación que tengo con los inicios se parece a cómo llegué al mundo, cómo di mis primeros pasos o cómo recuerdo qué afronté la vida, quizá nos sorprendamos en ciertas repeticiones que puedan desempolvar información sobre mis recursos y lo que he venido a aprender.

En un ejercicio corporal que hicimos en clase, observamos qué postura y desde dónde elegía cada uno iniciar algo nuevo. Lo que ocurrió a continuación, fue maravilloso. Cada uno se dio cuenta de lo que necesitaba hacer para iniciar. Y nuestro mundo se fue enriqueciendo. Unos buscaron cobijo y sensación de tribu, el calor humano y el arrope (algo primario y esencial en nuestro crecimiento; el lugar donde nuestra sensación de seguridad se impulsa), los que quizá en la vida no han encontrado tanto apoyo, no piensan en buscarlo puesto que el recurso adquirido es otro, la fuerza interna, el fuego que prende la llama del valor e impulsa el movimiento. Otras nos recordaron lo importante que es tomarse un tiempo para despedirse de lo que dejamos atrás al ir hacia lo nuevo. Cerrar los procesos con cariño y reconocimiento para quedar disponibles para lo que está por venir y para avanzar honrando nuestros pasos. Otros lugares, fueron la cautela, la pereza, la duda o la necesidad de un empujón…y así fuimos iniciando.

Este espacio «inicial» no solo es esta chispa que se prende y mueve sino todo ese pequeño proceso que viene después de los primeros pasos. Un momento tierno y delicado que requiere mucha presencia para acompañarnos con escucha y compasión. Y es que una vez que uno entra al campo, las energías de todo con lo que se relaciona se ponen en juego y de nuevo vuelves a reflejarte en el espejo. Impulsos coartados, buscar el apoyo de los demás, solemnidad y seriedad, un sí pero no, corazas que no nos permiten fluir libremente, avanzar en una eterna duda, miedo, falta de fe en uno mismo, escucha propia y pasos respetados, fuerza, alegrías que se contagian, impulsos que se encuentran, juego, confianza. Un bello viaje en esos primeros momentos que de nuevo nos descubren y nos hablan de nuestra historia personal, de nuestra forma de crecer, de nuestros recursos y habilidades, de nuestras carencias, dificultades o facetas a traspasar, superar o transformar. Lo que esta claro es que no lo hacemos solos por más que el impulso inicial sea autónomo. Nos necesitamos porque realmente vivir es un avance colectivo en el que cada uno aporta su grano de arena en el apoyo y crecimiento de los demás. Y esto nos lleva a lo segundo realmente importante, el amor es el tejido que nos conecta, nos une y sostiene nuestro camino.

Este mes es un mes de inicios y esta es una reflexión que pretende traer un poco de conciencia a cómo los afrontamos. Constantemente estamos renovando la conexión con estas movilizaciones internas y encontrándonos con la necesidad de su gestión. Una oportunidad para poder observar nuestra evolución en cuanto a nuestros puntos de partida y cómo vamos transitando lo que la vida nos propone. Aunque la esencia de lo que somos no solo no cambia sino que lo que vemos de ella cada vez es más amplio, todas estas transformaciones son la razón de que eso suceda. Cada inicio nos acerca más a lo que verdaderamente somos y toda esta transición llena de transformaciones, estos cambios son necesarios para descubrirlo. Es el juego de la vida, una iniciación hacia encontrar-se, hacia el encuentro del Ser.