Hoy, finales de Noviembre, parece que respiramos con otra capacidad, se siente el devenir del cambio y se asoma la luz que marca la flecha de lo siguiente. Hasta aquí, en tiempo de Otoño, de Escorpio, de mitos de Diosas luminosas que atraviesan sus sombras para traer la verdad. Han sido unos meses muy intensos, con una manifestación muy dura de nuestras contradicciones y mentiras, la naturaleza nos ha mostrado la destrucción y nuestra realidad se ha visto expuesta a las aguas podridas y estancadas que se esconden en la sombra de lo aparentemente cuerdo y lumínico. No, no ha habido tregua, las aguas pantanosas nos han hecho remangarnos y adentrarnos en la profundidad de nuestros lugares ocultos y escondidos. Nos ha desnudado, nos ha mostrado el disfraz de nuestro ropaje bajo el que nos escondemos y ha dejado a la luz nuestra falsedad.
Y es que en el Otoño se nos pide iniciar el camino hacia dentro, hacer limpieza de lo que ya no necesitamos o está caduco y llevar a cabo la muda de piel. Esta transformación desde luego nos lleva tiempo y transitarla despierta muchas emociones que habitan nuestras profundidades. Rabias, frustraciones, dolores viejos, tristezas no lloradas, melancolías a lo que fue y no puedo ser de otra manera, etc. Es un tiempo de duelo, de desprenderse y dejar ir, de iniciarse en la enseñanza del desapego a las cosas, situaciones, personas o aspectos de nosotros mismos para liberarnos de patrones y creencias que nos limitan. Y esto que con tanta elegancia, belleza y facilidad hacen las hojas cada año, en nosotros sin embargo, despierta mucha resistencia, nos asusta despojarnos y observar todo lo que debemos entregar.
En psicología, la sombra tiene que ver con todo aquello que es enviado al inconsciente para no ser visto o sentido, para que no se muestre y no pueda hacernos daño. Son cualidades que no se alinean con nuestra autoimagen, sentimientos dolorosos o que nos avergüenzan, miedos, deseos reprimidos y rasgos que consideramos negativos o no aceptables. Hacemos mucho, mucho esfuerzo por no sentirlos y por mantenerlos tan al fondo que nadie los descubra, incluso nosotros, que finalmente no somos conscientes de que están. Igualmente aunque invisibilizado forma parte de nosotros y opera constantemente en nuestro día a día y en nuestras decisiones, de hecho son aspectos que nos crean mucho sufrimiento precisamente por ser inconscientes, estar en la sombra y no tener luz, claridad, limpieza.
En estos meses, cada año, se nos da la oportunidad de visitarlos, reconocerlos, darles un lugar, aceptarlos y así completarnos, liberarnos y hacernos más auténticos. Aprovecha y sé valiente, honesta y atraviesa tus miedos para nombrar y verte en todas tus facetas.
¿Cómo puedes descubrir tus propios lugares sombríos?
Observa tus proyecciones, juicios y criticas, aquello que rechazas, que no aceptas, que niegas. Date cuenta de lo que hace que te tiemblen las piernas o dispara tus bucles de pensamientos. Observa lo que te enciende, te detona exageradamente o te provoca reacciones impulsivas. Aquí, en todo esto tienes pistas que te pueden ayudar a reconocer tus puntos ciegos, aquellos aspectos de ti que no están integrados ni vistos.
¿Qué hacemos una vez que vemos y reconocemos estas sensaciones, sentimientos, cualidades?
Llevar amor, el camino siempre es el amor. Son lugares que requieren de tu presencia, de tu aceptación y no juicio, de tu abrazo y no de tu rechazo. Llevar amor donde hay dolor, esta es la liberación que busca este proceso tan profundo al que se nos invita en cada Otoño y al que se nos acompaña con esa belleza natural del caer de las hojas. Lo que queda al desnudo, en la pureza del vacío, respira paz.
No hay luz sin oscuridad, no hay florecimiento sin despojo.