En algún momento del discurso interno, llega la pregunta principal. ¿Qué es lo realmente importante para ti en la vida?
Cuando nos colocamos ante esta cuestión, nos damos cuenta de algo esencial. Cada situación vivida fue una experiencia que tuvo su ciclo y a la que le siguió otra nueva, luego…qué quedó?, qué es lo que siento que estoy alimentando en mi vida?
Tomaré la imagen del amigo árbol que tanta sabiduría nos transmite con su presencia. Digamos que el tronco podría representar aquello que para mí es importante en la vida, aquello sobre lo que me sostengo y que sostiene todo lo demás. Allí se pone en conexión el cielo y la tierra y por él pasa la savia que alimenta mi experiencia. Las ramas bien podrían ser, todas las experiencias que voy viviendo en mi contacto con el exterior. Ahora bien, el cómo vivo mis experiencias y de qué tipo son depende de lo que fluye por mi interior, de ahí nace y ahí vuelve.
Si mi enfoque está en las ramas, en lo externo, en lo caduco y cambiante, me sentiré perdido muchas veces, ahora bien si me enfoco en la savia, en mi interior, en la conciencia que percibe la experiencia con total presencia, encontraré el máximo sentido en que por mis venas fluya una savia de amor que permita sentir una armonía en mi interior que se manifieste en las ramas.
¿Cuál es la savia que recorre mi interior? ¿De qué están hechas mis experiencias? ¿Qué es lo realmente importante para mi?
Cuando yo percibo mis experiencias con amor, sean cuales sean, cuando percibo que en ellas hay alimento para que mi savia se vuelva más fluida y amorosa, la conexión con el mundo se abre porque el amor es el pegamento que nos une a todos, es permiso, es inocencia, es aceptación. Y es ese el recibimiento que a todos nos gustaría tener y al lugar al que a todos nos gustaría llegar.
Savia, elemento que da vida a una cosa inmaterial o material.
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