A veces los momentos aparentemente más incómodos o más diferentes a lo conocido suponen el encuentro con mundos nuevos y sorprendentes.

Me gustaría compartir esta hermosa experiencia que vengo transitando hace un tiempo y que está siendo un inmenso regalo… La maravillosa enseñanza del arte de lo cotidiano.

La vida a la que estaba acostumbrada cambió completamente y quedé conmigo y con el espacio- tiempo; todo con lo que me había identificado se iba diluyendo y finalmente me había salido absolutamente del sistema en cuanto a sus horarios y formas de funcionamiento,…quedé conmigo y ante la vida.

Al principio, muchas resistencias aparecieron ante esa realidad, esa forma de vida no estaba aceptada por mi sistema de creencias y además yo tenía una idea de lo que me hacía feliz. Miles de frustraciones y quejas aparecían diariamente en mi discurso interno, ¿qué hacía aquí y cómo había llegado hasta aquí? eran dos de las preguntas que me rondaban constantemente…Así como, anhelos y proyecciones futuras en las que sería lo que creía que había venido a ser. Como siempre, ante estas situaciones, el resistir y pelear me generaba mucho dolor y aumentaba mi insatisfacción. Todo el problema estaba en mi mente…

Y sin embargo todo mi presente me llevaba a ese dejarme caer… en eso que estaba sucediendo, que era lo único real, y que aunque yo no lo comprendiese, no era casual que lo estuviera viviendo, yo misma me había puesto en este lugar y mi felicidad estaba justo aquí…De a poco me iba animando a soltar todas aquellas viejas fórmulas que en su momento me dieron mucho pero que ahora no estaban presentes, iba abriéndome a la posibilidad de algo nuevo…Y así, actividades cotidianas que nunca tuvieron gran significado para mí se tornaron mágicas y sagradas, empecé a entender algo muy profundo para mí, el ser, simplemente ser, de repente me sentía igualando cualquier tipo de experiencia, tanto la más sencilla como la más compleja, todas ellas eran experiencias y en todas ellas había una gran belleza, en todas ellas la vida se manifestaba.

En ese espacio de gran intimidad, la entrega fue aumentando y se produjo algo increíble, fui soltando el buscador, toda la vida buscando lo siguiente, toda la vida buscando esa completud, sin darme cuenta que la sóla búsqueda parte de algo que no tienes, parte de asumir una carencia y sin embargo yo ya sabía que todo estaba dentro de mí y que no había nada ahí fuera que pudiera darme lo que buscaba, aún así seguir buscando parece algo difícil de soltar…

Qué descanso y cuanta comprensión en esa propuesta de la vida, esa entrega al presente, libre de condicionamientos que me permite descubrir el regalo que se me está ofreciendo, disfrutar plenamente de ser vida, sin categorías, ni etiquetas, ni modos válidos o no, la vida se manifiesta plena en cada rincón del planeta, en sus múltiples formas

Cada instante, con cada suceso, la vida nos cuenta lo que somos realmente; en un baño, en una planta, en un té, en un sofá, en una idea, en una llamada, en un tren, en un atasco, en una mirada, en un sonido, en cualquier experiencia, yo soy conciencia, yo me doy cuenta de que todo esto sucede…pasa a través de mí, impregnando mi ser del amor y la totalidad que sostiene y abraza…una belleza en cada detalle, una conciencia que se expande en el presente.

En lo ordinario encontré lo extraordinario, cuando dejé de buscar, la vida me encontró…La inocencia apareció cuando me reconocí ignorante y descansé en la sabiduría de la vida. Cada día me sigo sorprendiendo de cómo crea y destruye constantemente y de lo profundamente a salvo que me encuentro en ella.