Ternura que abraza, ternura que sana

Ternura…, ya sólo la propia palabra evoca descanso y aliento, un espacio amoroso en el que recargarse respetando nuestros sentimientos confusos.

El ser humano vive muy asustado, nos imponemos llegar a numerosas expectativas externas y atravesando desafíos incluso lo logramos; pero el miedo que sentimos, es interno, es difuso.

Una especie de miedo que nos abre la duda en todas las direcciones, nos asusta ser lo que somos y no serlo, nos asusta fracasar y tener éxito, nos asusta no gustar a los demás y gustarles. Mantenemos un discurso interno de gran dureza, exigencias constantes de ser mejores, pensamientos y palabras muy duras ante nosotros mismos. Juicios constantes hacia lo que sentimos.

Mucha ternura me inspira el ser humano que ante su dolor, su angustia o su miedo se avergüenza y busca ser mejor. Nuestra mente busca rápidamente la explicación, la salida, la solución, nos imponemos nuevos retos o acciones externas futuras con la esperanza de que calmen nuestro dolor…y lo cierto es…que esto amortigua o aplaza, calma por un tiempo y después, de nuevo vuelven a aparecer.

¿Cuál es nuestra necesidad real? ¿Qué está pidiendo ese sentimiento?

La ternura, el abrazo, la mano, el calor, el cobijo…la presencia amorosa ante el dolor y la confusión, nos calma, nos sana y nos libera del temor.

Es la compasión hacia nosotros mismos en aquellos momentos en los que sentimos dolor y no sabemos hacer las cosas de otra manera, lo que permite su liberación tranquila, su transmutación. Lo que más ayuda cuando me asusto es acompañarme amablemente, cuidarme y así desde el amor, recuperar mi confianza.

Al abrazo del amor, todo es posible; al cuidado del amor, todo dolor se desvanece. La soledad y la confusión encuentran el descanso en la ternura y el abrazo. Sufro porque me asusto pero el amor me ayuda a recordar que no hay nada que temer si yo no me rechazo.

Cuando sientas vergüenza de ti mismo, cuando sientas que eres erróneo o inadecuado, recuerda que no es la dureza, ni el enfado ni pretender ser distinto lo que te ayudará. Sólo llevar ternura ante ese dolor profundo que no te deja respirar en paz, te devolverá la ligereza.

Recuerda que esos lugares internos, infantiles, vulnerables, son lugares en los que sentimos desamor, ¿cómo vas a juzgarte y a enfadarte contigo ante esto?, ¿Qué clase de respuesta es esa? Sólo te angustiarás más.

Sé amable contigo mismo, perdónate por hacer lo que haces y ver hasta donde ves y ponte en manos del Amor que eres para que, a través de su ternura, ablande y acoja las lágrimas o el susto que te paralizan y así puedas seguir avanzando, sanando tus heridas con la fuerza del Amor que te permite existir tal y como eres.