El permiso sólo te lo puedes dar tú

Nos encontramos para descubrirnos, para explorar lo qué es ser humano, danzamos, respiramos, nos apoyamos, nos miramos, nos sentimos parte y a la vez atravesamos nuestros miedos…La mirada del otro siempre nos impone, nos expone nuestros mayores temores. Sentir la presencia de un otro y una invitación a ser yo ante él, activa mi tensión, mi duda, mi inseguridad…en definitiva, activa mi juez interno.

Este es uno de los puntos esenciales en el desarrollo de una mente sana y amable, un punto a encontrar y transformar si quiero una vida en paz y plena. Descubrir mi juez interno, detectar sus pensamientos limitantes y entregárselos al maestro del Amor que habita en mi interior es una herramienta esencial para poder Ser libre.

Dice el Curso de Milagros, «Sólo mi propia condenación me hace daño» 

Cuando bailamos, esto se pone en juego tan claramente…a medida que yo voy soltando mis pensamientos juiciosos, me voy mostrando cada vez un poquito más. En ello no sólo disfruto sino que descubro nuevas facetas de mi y voy ganando esa libertad y confianza interna que llenan mi existencia de paz.

Una de las herramienta más poderosas para entrenar una mente amorosa y un corazón abierto es la entrega. Entregar mis pensamientos juiciosos supone una decisión interna de no querer seguir sosteniendo el conflicto (y el conflicto claramente está en mi mente). Soltar cualquier discurso  que mantenga vivo mi juicio o mi miedo, libera mi mente y me permite conectar con el momento presente desde otro lugar. Si además de parar mi discurso de juicio y temor, elijo internamente ver la situación desde los ojos del amor ya estoy dirigiendo mi camino hacia lo más rico y real de la vida. Aquello que fluye libremente, expresándose abiertamente, creando y sintiendo sin conflicto.

Ahora bien, el permiso de ser yo mismo, de ser auténtico y libre en mi expresión sólo me lo puedo dar yo, nadie más puede abrirme esa puerta. En el momento en que yo decido soltar los pensamientos que me impiden expresarme puedo llegar a conocer quien soy verdaderamente, mi fuerza, mi creación constante y puedo mostrarme a los demás, irradiando y ocupando mi lugar sin temor.

El permiso sólo te lo puedes dar tú…te animo a concedértelo para disfrutar de tu belleza y que así los demás podamos disfrutar de ella. Y bello será todo lo que eres.