El Ataque-Defensa caducó

Ya terminó el tiempo del ataque-defensa, este modo de relación siempre genera dolor, frustración y lo más importante no genera comunicación nutricia, no genera avance.

Durante mucho tiempo, una solución a mi incomodidad con lo que el otro hace se ha resuelto desde el juicio, la queja y la expresión de un ataque directo. Sin embargo, en estos tiempos de evolución de conciencia ya se ha manifestado con contundencia que la vida es lo que es, el otro responde a su manera, no cómo a ti te gustaría que lo hiciera y necesitamos aprender nuevos modos de gestionar lo que nos sucede.

Está claro que, si algo te afecta, te molesta, te irrita podrás comunicárselo al otro para que te conozca y juntos podáis llegar a nuevos lugares. Siempre es una cosa de dos, de crecimiento en relación. Pero el ataque siempre va a ser respondido desde una defensa y ahí ya se pierde la posibilidad de llegar a algo más allá del conflicto. Para llegar a un lugar de entendimiento necesitarás incluirlo todo, lo que el otro hace y lo que a ti te pasa con eso, lo que tú haces y lo que al otro le pasa con eso.

Normalmente nos ofende todo aquello que nosotros no haríamos o aquello que sentimos que nos invade o que se salta nuestros principios de lo que entendemos por “justicia”, o cuando conectamos con el rechazo, la desvalorización y el abandono, pero de nuevo nos encontraremos con que somos cómo somos y hacemos lo que podemos. Estos encuentros nos suceden constantemente.

Indagar un lugar de aceptación a lo que sucede, de entendimiento común más allá de lo que yo espero. Quizá la pregunta, ¿qué es lo que esta situación me espeja, qué me estoy contando a mi mism@? ¿Cuáles son mis patrones de relación?

Sentir que puedo expresarme, poner mis límites donde los siento y tomar mis decisiones sin dejar de respetar al otro, eso me da una gran libertad y un sentimiento de paz.

Es decir, más allá de cómo los demás actúen yo siempre puedo observar cómo me siento con eso y colocarme en el lugar apropiado para mí, dónde siento que me respeto y que me hago cargo de mí. Eso es tomar mi responsabilidad y salir del juego del ataque-defensa.

Por último, agradecer la enseñanza que a través del otro recibo para seguir rompiendo patrones de sufrimiento en mi.