Dejar ir …

Ay invierno querido que parece que te asomas tan pronto, que me falta algo …no te apresures…necesito del otoño, deseo desprenderme, despojarme, vaciarme, sí…entrar en ti como en cueva de vacío fértil, llena de nada…

Ciclos, etapas, fases que nos acompañan y nos ayudan en el continuo reciclaje de esta experiencia de vida. A veces parece que la exigencia de sentirse bien impide que los procesos se den de un modo natural, hay un espacio para todo y yo quiero aprender a escuchar mis estados, todos ellos, quiero vivir sin miedo a mis emociones, acogiendo con ternura y fidelidad absoluta esto que siento y aprender a soltar y ¿tú?

¿Qué pasa cuando llega el otoño con su falta de luz, su nostalgia, su melancolía?, normalmente nos cuesta, nos asustamos de ese tiempo de recogimiento. Se asoma  el encuentro conmigo misma, del desprendimiento; aparece el miedo a desintegrarme, a desvanecerme y convertirme en nada…La belleza de las alfombras de hojas de colores nos invitan a dejar ir…ese árbol que con total confianza suelta sus hojas naturalmente para de nuevo iniciar…y al hacerlo sigue creando belleza. Yo, tu, el, nosotros, vosotros y ellos en relación con todo,hagamos lo mismo, soltemos con naturalidad y confianza, creemos belleza dejando que la vida se lleve lo que ya está caduco, sin fuerza, apagado, muerto…

Ay, cuanto miedo a sentir! …Reconozcamos que además de santos, somos humanos y que sentimos emociones como la tristeza, la rabia, el temor, dejemos de luchar contra ellas, las sentimos y necesitamos perderles el miedo, aprender a transitarlas y entregarlas.

Dejar ir es hacerles frente, te acompaño…

Cuando estés sufriendo, siéntate y pon en frente de ti tus emociones, déjalas que afloren, escucha de qué están hechas, observa desde tu presencia qué sucede en tu cuerpo, cómo se manifiesta esa emoción en sensaciones físicas, no pienses sobre ellas, no les des un valor, evita el discurso mental que opina sobre ellas, mantente conectada con la respiración y observa…, recuerda con tu mente que no hay nada que temer ni nada que hacer más que acoger, el miedo nace en una idea …esa emoción que te recorre es una vibración, corrientes eléctricas que sin juicio encontrarán su salida, tu cuerpo funciona como un contenedor de ese flujo de sensaciones, y sentirás una gran fortaleza en poder sostenerlas y entregarlas como experiencia, te dejarán la información necesaria y se liberarán. Una emoción tiene una vida corta, que como una ola, si puede romper y expresarse, volverá al calmo océano…si sigues acompañándote, descubrirás que ya pasó y volverás a la quietud, seguirás sostenida por la vida, en relación con todo, ahora y siempre…Este es tu verdadero refugio, tu abrazo y tu presencia.

Recuerda que allí donde hay miedo, conectas con la sensación de desamor, es una petición de amor y el amor lo acoge todo. Si quieres perderte el miedo a ti misma, no te resistas a sentir lo que sientes, sea lo que sea, dale un lugar y si ya no te sirve o te hace sufrir deja que se vaya, entrégalo y suelta con la tranquilidad de que volverás a renacer, ahora más limpia, más pura, con espacio para lo nuevo. Aliviana tu camino favoreciendo las depuraciones necesarias, no tengas miedo, en realidad eres mucho más que todo esto y eso que tu eres, es eterno.